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viernes, 13 de mayo de 2022
lunes, 9 de mayo de 2022
sábado, 7 de mayo de 2022
martes, 3 de mayo de 2022
Dominique François Jean Arago
DOMINIQUE FRANÇOIS
JEAN ARAGO
• 26 de febrero de 1786, Estagel, Perpiñán (Francia).
† 2 de octubre de 1853, París (Francia).
Este físico francés
originario de Estagel, Departamento de los Pirineos Orientales, nació el 26 de
febrero de 1786. Parecía destinado, desde niño, a dedicarse a la vida campesina
por su constitución atlética, su carácter franco y osado, su predisposición y
aptitud a los trabajos manuales. Pero al tomar su padre posesión de un cargo
oficial en Perpignan, la familia se traslada a esta ciudad meridional y es
matriculado en el Liceo de la misma. Destacó en matemáticas, para su edad, por
lo que a los dieciséis años se atreve y se le autoriza a presentarse a los exámenes
de la Escuela Politécnica de París.
Los estudiantes de
Perpignan eran examinados en la ciudad de Toulousse, por un profesor venido de
París. Sus disertaciones sobre análisis matemático fueron tan audaces y
contundentes que el examinador se dirigió a él en estos términos: "Señor,
podéis hacer los preparativos para la marcha. Usted será recibido el primero".
Aceptado en la Escuela Politécnica con este grado jamás lo perdió.
Arago, por haber
participado y contribuido al desarrollo científico en más de media docena de
campos diferentes, no parece tener un renombre especial, aunque puede
considerársele uno de los mayores físicos que ha dado Francia.
Terminados sus
estudios tuvo intención de dedicarse a la carrera militar pero su talante le
hizo aceptar un puesto en el Observatorio de París. Uno de sus primeros trabajos
los realizó en nuestro país, pues junto con el también físico Jean Baptiste
Biot viajó a España a medir un arco del meridiano. Prácticamente terminados los
trabajos, Biot regresó a Francia y Arago se queda en Mallorca para realizar las
últimas triangulaciones.
La aventura de
Arago a partir de este momento es propia de una novela de aventuras. El pueblo
español está en armas contra los franceses (la Guerra de la Independencia está
próxima). Al retirarse la escuadra gala que bloqueaba a las Baleares, a sus
puertos, las hogueras que Arago y sus colaboradores hacían por las noches, como
referencias para sus medidas, fueron interpretadas por los isleños como señales
militares, con el consiguiente intento de linchamiento.
Su dominio del
castellano unido a su sangre fría le evitan una muerte segura. Con la ayuda de
su amigo, el astrónomo Rodríguez, logró huir en una barca a la isla de Cabrera
y de allí a Argel, después de innumerables peripecias.
Devuelto a Francia
en un barco argelino, una nave española lo captura y lo lleva prisionero al
puerto catalán de Rosas, donde sufre todo tipo de vejaciones y padecimientos.
Puesto en libertad, nuevamente en barco se traslada a Marsella, pero pierde el
rumbo y es empujado por los vientos hacía Cerdeña. Después de diez días de
deriva por el Mediterráneo llega a las costas africanas. Desde allí, por
tierra, consigue alcanzar Argel, entre nativos hostiles. Buscando la ayuda del
jeque que le había ayudado a su huida de España. Pero desgraciadamente para el
geógrafo, las cosas habían cambiado. El nuevo jeque lo detiene, encarcela y
esclaviza, hasta que es reclamado por el cónsul de Suecia y devuelto a Francia.
Todavía antes de llegar a tierras galas tiene problemas con la escuadra inglesa
que bloquea Toulon.
Por fin llegó a
París, después de visitar a su familia en Perpignan, presentándose a la
Academia de Ciencias y al Bureau de Longitudes, pero con algo increíble: Todos
los datos geográficos y geodésicos encargados. Había estado desde 1806 a 1809
en cárceles, desiertos y mares, pasando infinidad de penalidades y
sufrimientos, pero había conseguido salvaguardar las anotaciones geográficas.
Arago también
participó en política, definiéndose decididamente como republicano, colaborando
en .las revoluciones de 1830 y 1848. Cuando Luis Napoleón se autoproclamó
emperador, con el nombre de Napoleón III, pidiendo juramento de lealtad a los
funcionarios, renunció a su puesto en el Observatorio de París, por no estar
dispuesto a rendir esta pleitesía. El emperador, prudentemente, no forzó el
juramento pero tampoco aceptó la dimisión.
A los 67 años,
dejaba esta vida, en París el día 2 de octubre de 1853.
Una de las mayores
aportaciones a la Física las hizo en Optica. Estudió la física de la luz,
defendiendo en principio la teoría corpuscular y pasando después a la
ondulatoria (lo que le provoco la enemistad con el compañero de viaje a España,
Biot).
Trabajando con
Fresnel le informó de las experiencias de Young, que aceptaba que las ondas
luminosas eran transversales en lugar de longitudinales. Al aceptar Fresnel
esta teoría, encaminando su investigación por este campo, Arago renunció a
seguir por este camino, por no tener confianza en llegar a buen puerto.
La teoría de la
polarización coloreada fue demostrada mediante un aparato construido por él, su
polaroscopio.
Sin embargo, por lo
que aquí interesa, es por sus innumerables descubrimientos en electricidad y
magnetismo. Tal vez, el principal fue la imantación artificial por corrientes
eléctricas.
Este descubrimiento
lo hizo 1820 cuando trabajaba, junto con Ampere, en las experiencias de Oesterd
del mismo año. El fenómeno se podría explicar diciendo que una barra de acero o
hierro dulce, rodeada por un conductor de cobre por el cual circula una
corriente eléctrica, se comporta como un imán. Una vez interrumpida la
corriente desaparece la imantación.
Esto está
justificado por una nota que se conserva en el Bureau de Longitudes de París,
con fecha del 20 de setiembre de 1820, que dice: "Monsieur Arago habla de
una nueva experiencia de la cual resulta que una pila voltaica imanta el hierro
dulce".
El siguiente 25 de
setiembre el Monitor Universal anuncia que un "hilo conjugado" (es
decir, que une los dos polos de una pila activada), se carga de limaduras de
hierro como si fuera un imán.
No sería de
extrañar que este descubrimiento hubiese sido hecho, o por lo menos inspirado, en
uno de sus accidentados viajes por el Mediterráneo, ya descritos. Así lo deduce
en unas líneas escritas en una memoria titulada "Compendio de
observaciones electrodinámicos", publicado en 1822. Explica Ampere que,
según palabras del propio Arago, viajando en un barco con dirección a Marsella,
y en las proximidades de Argel, un rayo cayó sobre el bajel y, sin saber por qué,
la brújula realizó una semirevolución (sin que el capitán se percatase del
hecho). El extremo de la aguja que debía marcar el Norte señalaba ahora hacia
la costa de África (?). Al poco tiempo el barco arribaba a las playas
argelinas.
Es lícito pensar
que este extraordinario fenómeno fue el que hizo nacer en Arago la idea del
electroimán.
Por otra parte se
le encargó, por parte del Gobierno, un estudio en las máquinas de vapor
(importantes generadores de fuerza motriz en esa época), para conocer la relación
que existía, a altas presiones, entre la fuerza elástica del vapor de agua y su
temperatura. Los peligros que tuvo que correr con estas experiencias fueron tal
vez superiores a los que tuvo que soportar en su odisea juvenil.
La polarización coloreada,
varios métodos para medidas luminosas, magnetismo de rotación, importantes y
novedosos estudios sobre la brújula son debidos a François Arago.
Como profesor no
fue menos brillante que como investigador. Mostró gran capacidad en el arte de
exponer un hecho científico, resaltando la profundidad, el rigor y la claridad
de su método.
Es el creador, o
por lo menos un pionero, de la divulgación científica a través de las
publicaciones tituladas Notices Scientifiques recopiladas cada año en el
Annuaire de Bureau des Longitudes.
En 1829 fue
nombrado secretario perpetuo de la Academia de Ciencias de París, sección de
ciencias matemáticas, sustituyendo a otro nombre ilustre, Fourier. Con este
motivo deja sus labores de enseñanza en la Escuela Politécnica para dedicarse
intensamente a la nueva tarea, que ya no abandonó hasta su muerte.
lunes, 2 de mayo de 2022
Los inicios del generador eléctrico industrial
Una vez que se ha
conseguido transformar el movimiento (energía mecánica) en electricidad
(energía eléctrica) a través del fenómeno de la inducción electro-magnética,
por medio de los convertidores de energía construidos por Pixii, Saxton, Clarke
y otros, empieza a plantearse la cuestión si estos mecanismos ingeniosos, para
experiencias y demostraciones en gabinetes de física, que no dejan de ser otra
cosa que modelos de laboratorio, no podrán emplearse como máquinas generadoras
de electricidad.
El "principio
de la conversión de la energía" está ahí. Esta se puede transformar.
Energía mecánica hay en cantidades ilimitadas (hidráulica, vapor), sólo hay que
buscar la máquina que la transforme en corriente eléctrica.
El reto está
planteado, sólo es cuestión de aceptarlo. Se construyen grandes armatostes para
alimentar tan sólo una lámpara de arco. El sistema no es práctico ni rentable.
El gas es todavía muy superior.
Un gran problema es
que el campo magnético hay que crearlo con imanes naturales o piezas metálicas
imantadas artificial-mente y éstas dan poca potencia, a la vez que se
desimantan con el uso y hay que volver a excitarlas (máquina Alliance).
La cuestión se
solucionó colocando imanes artificiales, electroimanes. Estos dan mucho más
campo magnético pero necesitan ser alimentados por una corriente eléctrica
proveniente de otra máquina que a su vez ha de ser de imanes naturales (máquina
de Wilde). Se ha dado un paso más pero no es suficiente.
Se descubre la
autoexcitación. Emplear parte de la energía para imantar los electroimanes.
Esto es un paso de gigantes pero, ¿de dónde se obtiene la primera corriente
para excitar el campo y que éste cree una corriente inducida que pueda a su vez
seguir excitando los imanes de la máquina? Es el mismo planteamiento del huevo
y la gallina.
Ratificando el
dicho "de que la necesidad hace el órgano", varios investigadores
llegan al mismo tiempo a la solución: los materiales magnéticos almacenan una
cantidad residual de magnetismo, suficiente para producir la corriente necesaria
para producir el inicio del proceso, este efecto con algunas modificaciones
constructivas abren las puertas a una nueva era industrial, la de la producción
abundante de electricidad, que en un principio iba destinada casi en su
totalidad al alumbrado, primero por lámparas de arco y después de
incandescencia.
Esta parte abarca, aproximadamente, desde 1849 a 1870.
NACE LA MAQUINA INDUSTRIAL
El profesor de
Física, francés, de la Escuela Militar de Bruselas. Florise Nollet, construyó
el año 1849 una máquina magnetoeléctrica constituida por 60 imanes de hierro,
en forma de herradura, distribuidos alrededor de un eje horizontal sobre el que
se montan 120 bobinas de cobre, aisladas con seda, solidarias con el eje. Por
medio de una máquina de vapor se imprimía un rápido movimiento de rotación al
árbol, que producía un desplazamiento angular de las bobinas frente a los
imanes permanentes. Había nacido la primera máquina industrial que transformaba
el movimiento en electricidad.
Este profesor y
físico tenía un antepasado de renombre, en la Historia de la Electricidad, el
abad Jean Antoine Nollet, divulgador de los fenómenos de la electroestática en
el siglo XVIII, a través de la Corte francesa. Desgraciadamente Florase Nollet
murió (1853) en plena actividad aunque por fortuna, para la industria
eléctrica, su alumno y colaborador Joseph Van Malderen pudo terminar su obra,
pues heredó sus planos e ideas.
Esta máquina
magneto-eléctrica con diversas modificaciones que la mejoraban (como la del
francés Masson) no era ni más ni menos que una inteligente asociación de 60
máquinas de Clarke, destinada a generar corriente eléctrica para diferentes
aplicaciones industriales.
Fig. 1. Máquina generadora de energía eléctrica, tipo Alliance, conservada en el Deutsches Museum de Munich.
La fabricación y
distribución de esta nueva máquina la realizó la compañía L'Alliance dirigida
por Auguste Berlioz (emparentado con el célebre compositor musical Hector
Berlioz). Es por este motivo por lo que la historia ha dado el nombre de
"máquina Alliance" a unos pesados generadores formados por imanes
permanentes, cuyos campos magnéticos eran cortados por los con-ductores de las
bobinas móviles, que giraban arrastrados por la acción de una máquina de vapor
(figura 1).
Esta máquina salió
al mercado para sustituir a los acumuladores químicos en las instalaciones de
galvanoplastia, de dorado y platea-do, con éxito durante bastantes años. Pero
desde el momento en que la iluminación eléctrica adquiere importancia su
aplicación a estos menesteres es inmediata. Así, en el año 1855, la luz
eléctrica sustituye por primera vez al aceite en los faros costeros,
concretamente en dos de la costa del Havre. La máquina Alliance fue la
encargada de suministrar la energía eléctrica necesa-ria a los focos.
La máquina
comercializada por la compañía L'Alliance, estaba formada por una estrella de
ocho grupos de imanes con los polos dirigidos hacia el interior. Una variante
la constituía la "máquina de Holmes" construida por el inglés
Frederick H. Holmes (que trabajó algún tiempo con Van Malderen), presentaba la
particularidad de tener los polos de los imanes dirigidos hacia afuera,
utilizándose también para alimentar los focos de los faros costeros. Este tipo
de máquina fue, con toda probabilidad, la primera máquina eléctrica comercialmente
viable, extendiéndose su uso bastante en la década de los 60.
La gran desventaja
era depender de imanes permanentes su campo magnético, por lo que se necesitaban
gran número de ellos, para que éste fuera aceptable, dando lugar a máquinas en
las que la relación peso/potencia era muy desfavorable.
Las máquinas
magneto-eléctricas no eran capaces de alimentar varios arcos para iluminación
ya que las corrientes generadas daban pequeñas potencias, por lo que había que
aumentar considerablemente el número de imanes, aumentando también mucho el
peso y el tamaño, lo que en la práctica las hacía inviables (figura 2). Por
otra parte, los imanes permanentes perdían con rapidez sus propiedades, lo que
hacía imposible su utilización continua.
En el año 1820, el
gran científico Arago había descubierto que si se hacía circular una corriente
eléctrica, proveniente de una pila de Volta, por un hilo conductor de cobre
aislado con seda, enrollado sobre un cilindro de hierro puro, este cilindro metálico
adquiría las propiedades de un imán. Este imán se comportaba como tal mientras
no dejara de circular la corriente eléctrica. En consecuencia, era posible
construir un "imán artificial" y además "temporizado". Este
nuevo generador de su campo no es ni más ni menos que un electroimán.
LAS MAQUINAS DINAMO-ELECTRICAS
A partir de la
segunda mitad del siglo XIX muchos ingenieros empezaron a experimentar en un
campo más lógico: sustituir los imanes permanentes por imanes artificiales,
electroimanes.
La sustitución del
imán permanente por el artificial da lugar al paso de la máquina
magneto-eléctrica a la dinamo-eléctrica. La sola permuta de un tipo de imán por
otro puede dar lugar a producir corrientes 50 ó 60 veces superiores. Este
aumento tan considerable de las potencias abría las puertas a una producción
industrial, prácticamente ilimitada, de energía eléctrica.
Habría que
establecer la siguiente cuestión: ¿a quién se le ocurrió, por primera vez, sustituir
un imán permanente por un electroimán?
El inglés Henry
Wilde, ingeniero, construyó en 1865 la primera -máquina con electroimanes. El
funcionamiento era el siguiente: La corriente generada en una máquina
magneto-eléctrica era enviada mediante hilos de cobre a los polos de otra
máquina, de superiores dimensiones, que actuaban como electroimanes al ser
recorridos por la intensidad producida por la pequeña. Frente a estos polos
giraba una bobina que a su vez generaba energía destinada al alumbrado eléctrico.
Había nacido la excitatriz.
Fig. 2.
Máquina magneto-eléctrica, de arco para un faro, tipo Alliance, alimentando una
lámpara
El gran paso
teórico en el desarrollo práctico de los generadores eléctricos se dio con el
descubrimiento del importantísimo efecto "dinamoeléctrico". Este
efecto consiste en la autoexcitación de las máquinas. Como se ha visto anteriormente,
la máquina de Wilde necesitaba de otra (excitatriz) que le proporcionará la
corriente necesaria para alimentar los electroimanes, luego de una forma u
otra, había que recurrir al imán permanente (o a las pilas voltaicas). Sin
embargo se observó que el hierro imantado una vez conserva almacenado un cierto
magnetismo residual o "remanente". Se puede aprovechar este
magnetismo para producir una débil corriente de excitación que permita a la
máquina generar una, también débil, corriente inducida. De esta corriente de
inducción se puede tomar una parte para alimentar el electroimán, produciendo
un mayor flujo y en consecuencia una mayor corriente inducida.
Este efecto fue
presentado por Werner von Siemens el 17 de enero del año 1867 en la Academia de
Ciencias de Berlín. Casi un mes después, su hermano William Siemens, el 14 de
febrero leía la misma memoria en la prestigiosa sociedad científica inglesa
Royal Society de Londres, justamente el mismo día que Charles Wheatstone
presentaba el mismo descubrimiento. Se puede atribuir conjuntamente a ambos el
descubrimiento del efecto dinamoeléctrico, Siemens y Wheatstone, en el año
1867.
La primera máquina
dinamométrica que utilizaba el efecto descubierto por Siemens, fue presentada
en el mismo 1867 en la Exposición Universal de París. Construida por el físico
inglés William Ladd, sustituía el generador auxiliar magnetoeléctrico
(excitatriz) por el magnetismo remanente de los polos.
El generador de
Ladd estaba formado por las dos bobinas de la máquina de Wilde y el imán
artificial estaba constituido por dos largas placas de hierro, alrededor de las
cuales se arrollaban hilos de cobre aislado, que formaban dos electroimanes
rectos de signos contrarios. A los extremos de estos dos electroimanes se
encontraban dos bobinas de hilos conductores. Una de ellas, la más pequeña,
suministraba su corriente a los electroimanes para mantener su magnetismo. La
otra, la más gruesa, generaba la corriente que alimentaba al circuito exterior,
la pequeña cantidad de magnetismo remanente almacenada en la placa de hierro de
los electroimanes servía para iniciar el proceso y continuarlo sin solución de
continuidad.
En la Exposición de
París está máquina causó una gran sensación, pues para sus pequeñas dimensiones
producía una considerable energía.
LA DINAMO SIEMENS
Cuando Werner von
Siemens cumplía 50 años, en 1866, hacía también el descubrimiento más importante
de su extensa obra científico-técnica, el principio dinamoeléctrico.
Desde hacía mucho
tiempo a Siemens le preocupaba el problema, a resolver, de producir corrientes
continuas y tensiones cada vez más elevadas sin el empleo de los engorrosos
acumuladores químicos (baterías galvánicas).
En el otoño de 1866
volvió, con renovado interés, a dedicarse nuevamente a la antigua cuestión pendiente.
Construyó una máquina con una parte móvil (inducido de doble T, ya creado en
1856) que giraba con escasa separación de la parte fija o inductora formada por
las piezas polares de un electroimán construido con hierro dulce. La corriente
inducida en las bobinas móviles era además utilizada como corriente de
excitación en las piezas polares ya que se conectaba en serie el inducido, el
circuito del electroimán o de campo y el circuito exterior o de carga. La
máquina aprovechaba el pequeño magnetismo remanente del hierro del imán para
crear una débil corriente en el inducido, que a su vez circulaba por el
inductor, aumentando la intensidad del campo que a su vez generaba más intensidad
de corriente en el inducido.
Esta máquina
funcionaba con el principio expuesto meses después (enero 1867), en Berlín
(figuras 3 y 4).
Fig. 3.
Original de la primera dinamo de la historia, construida por Werner von Siemens
en 1866, expuesta en el Deutsches Museum de Munich.
No puede negarse que otros, como el húngaro Soren Hjorth, el danés Anyos Jedhic o el ya mencionado Charles Wheatstone, trabajaron independientemente sobre este principio al mismo tiempo que Siemens, aunque fue este último el que se dio cuenta de la enorme importancia del efecto descubierto. Así en la memoria leída en la Academia de Ciencias (Berlín 1867) se terminaba con el siguiente párrafo: "La técnica dispone actualmente de los medios para producir corriente eléctrica de una intensidad ilimitada, económica y cómodamente en todo lugar, donde se disponga de energía mecánica. Este hecho será de transcendencia fundamental para muchos campos técnicos".
Werner von Siemens
fue el que acuñó la palabra "dinamo" cuyo origen es un término griego
que significa poder. Con el tiempo dinamo fue sinónimo de generador eléctrico y
en la actualidad de generador eléctrico de corriente continua.
Otros documentos
que avalan la importancia que el ingeniero alemán le daba a su hallazgo pueden
ser la correspondencia mantenida sobre el tema, de la que destaca la carta
escrita a su hermano William, el 4 de diciembre de 1.866, a Londres: "El asunto
es susceptible de desarrollarse y puede dar lugar a una nueva era de la
electricidad magnética...". Tres meses más tarde escribía: "Este
aparato constituirá la piedra angular de una revolución técnica, que elevará la
electricidad a un nuevo plano de las fuentes elementales...".
Fig. 4.
Dibujo esquemático de la dinamo experimental de Siemens (figura 3), conservado
en el Museo Siemens de Munich.
Aunque el estudio
se hizo pensando en la generación de corriente para la telegrafía, la máquina
dinamo-eléctrica constituyó, inmediatamente, una fuente de energía eléctrica de
enorme capacidad tanto para alumbrado como para otras aplicaciones de tipo
industrial.
Tuvo que pasar más
de una década, para que este nuevo tipo de máquina, llegase a ser construida
industrialmente y con resultados técnicos y económicos aceptables.
La ley de la
inducción electromagnética descubierta por Faraday en 1831 marca el comienzo
físico y teórico de la producción de energía eléctrica a partir de
convertidores electromecánicos, pero es el efecto dinamo-eléctrico de Siemens
el que abre las puertas a la construcción industrial de estos convertidores.
En los primeros
ensayos de su máquina, Siemens, había observado que el hierro del inducido, de
la parte móvil, se calentaba excesivamente. Cuando el funcionamiento duraba
mucho el calor hacía imposible la buena marcha. Parecía como si buena parte de
la energía se consumiera en fricción, que era la que producía el calor. La
causa de este fenómeno no fue conocida en principio. Siemens pensó, y así lo
expuso, la teoría de que el continuo cambio de imantación del hierro del
inducido por su rotación en el seno del campo magnético (que según se creía en
la época iba ligado a un movimiento de las moléculas del material) era el
causante del calor generado. Acertó. Este proceso conocido como histéresis era
la causa de una parte del consumo de energía. Sin embargo esta cantidad de
calor es exigua, frente al calor total generado. Había que buscar el efecto en
otra causa que más tarde se verá.
Al principio de
este apartado y en la figura 4 se ha hablado y está representado el llamado
"inducido de doble T", conocido desde 1856. Este inducido tiene su
origen en los artilugios construidos por Siemens para alimentar los aparatos
telegráficos, que llevaban un inducido tipo "lanzadera".
Para generar
corrientes débiles a partir del movimiento de una bobina en un campo magnético,
Siemens había colocado varias láminas de acero, muy imantado, en forma de
herradura y paralelas. Practicó en las piezas polares un taladro en el que
podía girar un cilindro de hierro dulce debido al espacio (entrehierro) que
quedaba entre el imán (inductor) y el cuerpo cilíndrico (inducido). En dos generatrices
diametralmente opuestas, practicó unas ranuras paralelas al eje (profundas y anchas),
arrollando en éstas unos hilos de cobre a bobinas de forma que quedaran
paralelas al eje también. Con esta forma los conductores quedaban sumergidos
totalmente en el campo magnético al girar. El inducido así construido se le
conocía como de doble T, por la forma constructiva.
El sistema
"lanzadera" (figura 5), estaba formado por un cilindro de hierro (C)
fresado con dos ranuras longitudinales (R) sobre generatrices opuestas. En cada
ranura se alojaban los conductores de una bobina simple (D). Su forma de lanzadera
de tejedor le dio el nombre. La bobina era sometida a una inducción
perpendicular a su eje que creaba una tensión alterna, sobre ella, que podía
ser extraída con la ayuda de dos semianillos aislados, montados al extremo del
árbol, unidos a las bobinas (Q).
El sistema era
normal en las máquinas de la época, proporcionando resultados aceptables para
corrientes de débil intensidad. Unos diez años después H. Wilde intentó su
aplicación a máquinas de una cierta potencia con resultados bastante malos.
Fig. 5. a) Esquema
presentado para solicitar la patente del inducido de doble T. en 1855, por
Werner von Siemens. b) Inducido tipo "lanzadera". c) Circuito
magnético del anterior inducido que por su forma se le denominó de doble T.
LA BOBINA EN ANILLO DE PACINOTTI
En el año 1860 un
joven de Bolonia, estudiante en la Universidad de Pisa, da a las bobinas del
inducido una nueva forma más original. Los ensayos realizados en las máquinas
magnetoeléctricas habían llevado a este joven estudiante, Antonio Pacinotti, a
la conclusión de que las variaciones de par en par en cada vuelta (cuando a la
máquina se le hacía trabajar como motor), se podían reducir con tan sólo
aumentar el número de bobinas. Si en el espacio comprendido entre los polos
hacía girar un anillo sobre el que arrolló un conjunto de bobinas contiguas, de
modo y manera que rodeaban la totalidad del anillo. En el modelo que presentó
en 1863, llegó a colocar hasta 16 bobinas. Siguiendo el método utilizado hasta
entonces, en el modelo, habría hecho falta colocar 8 anillos colectores
seccionados (dos semianillos), pero Pacinotti tuvo la feliz ocurrencia de
utilizar tan solo un anillo colector, al que dividió en 16 segmentos iguales y
aislados entre sí.
Cada bobina era
empalmada a la siguiente a través del mismo segmento del anillo. Con esto se
conseguía que todas las bobinas quedaran conectadas entre sí, una tras otra.
Cuando la máquina actuaba como generador todas las tensiones parciales de las
bobinas en una mitad del anillo se sumaban, originando la tensión de la
máquina. Esta forma de conectar las bobinas dio lugar a la corriente más
parecida a la continua de las pilas galvánicas, de manera que ya se empezaba a
satisfacer las necesidades hasta entonces solicitadas.
El modelo de
Pacinotti (figura 6) no llegó a ser construida industrialmente, reduciéndose a
eso, a un aparato de laboratorio como modelo de experimentación.
Fig. 6.
Modelo de la máquina de Pacinotti (1860). Copia del original que se conserva en
la Universidad de Pisa
LA MAQUINA DE
GRAMME
Al cabo de algún
tiempo de haberse dado a conocer el principio dinamoeléctrico, la empresa L'AIliance
(Compagnie L'Alliance) renunció a su sistema clásico, de grandes y pesados
imanes, aceptando poco a poco el nuevo sistema.
A un antiguo
empleado de la Compañía, Zenobe Gramme, se le ocurrió la idea de aplicar el
invento de Pacinotti de inducido anular con colector múltiple, destinándolo a
la construcción de la máquina dinamo-eléctrica. De los primeros ensayos surgió
un modelo conocido comercialmente como "máquina de inducido en anillo de
Gramme", que alcanzó gran popularidad por las ventajas constructivas que
presentaba.
Gramme colocó una
serie de bobinas alrededor de un anillo de hierro obteniendo el conocido, hoy
día, como "anillo de Gramme", o tal vez se debería llamar
"anillo de Pacinotti" (las patentes de Gramme habían sido contestadas
por el italiano, constructor de un modelo experimental semejante, aunque nunca
se llevó a la práctica).
En las máquinas
magnetoeléctricas de la Compagnie L'Alliance, y en general, en todas las
máquinas de inducción construidas antes de 1860, se emplearon unas bobinas
rectas semejantes a las que se utilizaban en las fábricas de tejidos de
algodón.
A consecuencia de
la forma con que son colocados los hilos de cobre, alrededor del anillo de
hierro, los conmutadores que servían para rectificar el sentido de las
corrientes de inducción (alternas) desarrolladas en el sistema y que eran de
una gran complicación para los constructores de las antiguas máquinas, habían
quedado suprimidos. Se va a ver cómo se obtiene este resultado:
Treinta devanados
de hilos conductores aislados, imitando las antiguas bobinas rectas, son
colocados alrededor de un anillo de hierro, separados entre sí por unos pequeños
intervalos. Durante la primera semirrevolución del anillo, quince de estos
particulares arrollamientos son recorridos por una corriente positiva, las
otras quince en la siguiente semirrevolución, que completa una vuelta completa,
son recorridas por una corriente negativa. Una de las extremidades del hilo de
una bobina, está soldado al extremo de la bobina vecina, y ambos extremos, a su
vez, a uno de los segmentos aislados del colector de cobre.
Fig. 7.
a) Vista de principio, del anillo Gramme, primer conmutador mecánico para
máquinas de corriente directa b) Máquina Gramme a manivela, ampliando el
exitoso empleo de la tecnología constructiva de Werner Siemens.
Sobre el cilindro
se apoyan dos manojos de hilos metálicos, que Gramme denominó "escobilla"
por su forma (figura 7 a). El colector (c) permite recoger cada pequeña
variación de corriente positiva (o negativa) y enviar estas pequeñas corrientes
a un conductor común, de forma que por reunión o suma de corrientes opuestas se
consigue una corriente de electricidad ordinaria, de sentido
"continuo", creada por los efectos de la inducción. Sus escobillas
(e), extraen la corriente de la máquina al circuito exterior.
En la figura 7 b,
está representada esta máquina. El imán inductor puede ser natural o
reemplazado por un electroimán excitado por una parte de la corriente generada
en la propia máquina. El número de polos y escobillas pueden ser: dos, cuatro,
seis... El peso de cobre y el grosor del hilo pueden ser muy variados. En un
informe presentado a la Academia de Ciencias, el 17 de junio de 1871, Gramme
escribía:
"Esta máquina
se pone en movimiento por medio de un volante movido manualmente por un hombre.
Ella permite descomponer el agua en un voltámetro, enrojecer y fundir 25
centímetros de un hilo de hierro de nueve décimas de milímetro de diámetro. Los
efectos son más marcados a medida que la velocidad de rotación aumenta hasta un
máximo que corresponde a setecientas u ochocientas vueltas por minuto,
velocidad que se obtiene con facilidad cuando la máquina se ha puesto en
movimiento por un motor a vapor. Los efectos producidos son diferentes, según
la naturaleza del hilo arrollado al anillo: efectos de cantidad con un hilo
grueso y corto, efectos de tensión con un hilo largo y fino".
Fig. 8. Ejemplar de máquina Gramme, conservada en el
Deutsches Museum de Munich.
"En una
palabra, se puede obtener mediante esta máquina todo lo que se obtiene con la
pila; esto da lugar a pensar que la puede sustituir, con ventaja, en muchos de
los casos, sea en las aplicaciones industriales, sea en las investigaciones
científicas".
Para explotar sus
inventos, comercializándolos, Zenobe Gramme funda su propia empresa con su
amigo Hippolyte Fontaine, que sería el primer director de la "société des
machines magnétoélectriques Gramme".
Entre los trabajos
de Gramme, antes de fundar su propia empresa, destaca el de operario en los
talleres Christofle de electroquímica, dorado y plateado. Los inconvenientes planteados
por la necesidad creciente de energía eléctrica que tenía que obtenerse de
baterías de pilas, hizo que Gramme concibiese un generador que ya tenía todas
las características de la dinamo tal como hoy día se conoce, y que se conoció
como modelo "atelier" (taller). Este modelo adquirió importancia no
sólo para usos en galvanoplastia sino también para alumbrado y producción de
fuerza motriz.
En la figura 8 se
representa este modelo, siendo su funcionamiento el siguiente (8a):
La bobina de
inducción o anillo inductor constituida por 30 bobinas de hilo de cobre, en las
que se han de generar las corrientes inducidas, está representada por AA'. Los
electroimanes, creadores del campo magnético inductor, están representados por
BB' el superior y CC' el inferior. Las corrientes inducidas generadas son
recogidas del colector (e) segmentado, por las escobillas (a), para desde ellas
alimentar el receptor.
Los electroimanes
BB' y CC' son excitados por una corriente eléctrica que circula por los
conductores de cobre aislado que los rodean. Esta corriente es una parte de la
desarrollada en las bobinas de inducción, que sirve a estos menesteres de
imantación temporal.
La bobina de
inducción AA' giraba rápidamente al ser arrastrada por una correa que actúa
sobre la polea P, gracias a la acción de una máquina de vapor. En este inducido
se generaban ya, con facilidad, corrientes de considerable potencia, útiles
para aplicaciones tanto industriales como de iluminación.
Pacinotti había
ideado, el primero, la bobina en anillo para obtener una corriente inducida de
sentido continuo. Más tarde en París, Worms de Romilly, describe una máquina
semejante, pero es en 1870 cuando Gramme construye la máquina que lleva su
nombre. El mérito que ha de atribuírsele es el de llevar a la práctica, en un
dispositivo cómodo, los diversos órganos imaginados por otros físicos y
constructores que le habían precedido.
La facilidad para
producir energía eléctrica y la abundancia, en consecuencia, de ésta, hace que
se dispare la demanda, desde alrededor de 1872 aproximadamente, al
comercializarse la dinamo Gramme.
LA ELECTROTECNIA ES UN HECHO
En 1871 Gramme
entrega al orfebre Christofle su primera dinamo para reemplazar las incómodas y
onerosas pilas galvánicas que alimentaban los baños de plateado. En este
momento, la Electricidad se consagra como una nueva fuente de energía, motor de
progreso. Durante cuatro décadas los ingenieros se dedican a construir máquinas
cada vez más perfeccionadas y mejor adaptadas a los deseos de los consumidores
y a sus necesidades.
Se acoplan los
generadores eléctricos a las antiguas ruedas movidas por agua, a las actuales
turbinas hidráulicas (tanto para grandes como para pequeños saltos), a las
máquinas de vapor de pistón o turbina. Se crean empresas o se transforman
otras, para responder a un mercado en plena expansión. El progreso de la
Electrotecnia es meteórico. Hacia 1890 son comercializadas más de un centenar
de máquinas; unas por perfeccionamiento de otras ya existentes, otras
originales, algunas innecesarias.
Históricamente, en
líneas generales, se han construido más de treinta formas de inductores (en el
año 1903, Sylvanus P. Thomson, catalogó 32 tipos utilizados sólo en los países
anglosajones); cuatro modelos de inducido y otros tantos de colectores. Estas
cifras proporcionan más de 500 posibles combinaciones de formas de máquinas
eléctricas. Aunque no todas las combinaciones han sido utilizadas, sí muchas de
ellas.
Los profesores,
ingenieros, físicos, periodistas, empezaron a interesarse por estos avances. El
tema es tratado en los periódicos y en los boletines de las sociedades
científicas. Nombres conocidos, para cualquier estudiante universitario de
ingeniería eléctrica de hoy, como Blondel, Deprez, Kapp, Leblanc... exponen sus
ideas y descubrimientos. Los hombres quieren conocer y se publican teorías.
Poincaré y otros elaboran modelos matemáticos e intentan explicar los fenómenos
que ocurren, en el seno de las máquinas, y sus efectos, mediante ecuaciones. Se
extrapola y se intenta predecir el futuro técnico de la Electrotecnia. Una
"Segunda Revolución Industrial" se está fraguando.
Los científicos de
finales de siglo XIX están sensibilizados por las teorías evolucionistas de
Charles Darwin. No falta quien introduce la teoría de la evolución animal, para
justificar el desarrollo pretérito y futuro de las máquinas eléctricas.
En el último
cuarto, del siglo XIX, ya se han construido factorías que hoy relacionamos con
poderosas multinacionales. Por esta época, nombres de empresas como Siemens,
Brown Boveri, General Electric, A.E.G, Westinghouse, son ya sinónimo de
desarrollo industrial y tecnológico y hasta de poder económico.
FUENTE:
Luis Martínez
Barrios: El generador industrial
domingo, 24 de abril de 2022
Consideraciones generales sobre los transformadores MT/BT en Centros de Transformación
El transformador es
la parte más importante del Centro de Transformación. Su selección afecta a la
configuración del CT y se efectúa sobre la base de diversos
factores.
Generalmente, se
puede señalar que para potencias bajas (hasta 630 kVA - 800 kVA) puede
instalarse un único transformador, mientras que para potencias superiores
(hasta 1000 kVA - 1600 kVA), la potencia puede dividirse entre varias unidades
en paralelo.
Otra característica
a tener en cuenta al seleccionar el transformador es el tipo de sistema de
refrigeración, que puede ser seco o en baño de aceite. En la instalación de
ventilación para la estructura del centro, en el caso de transformadores
refrigerados por aceite deben adoptarse medidas, por ejemplo las destinadas a
evitar fugas de aceite, mediante un foso de captación de aceite como se muestra
en la Figura 1. Además, el Centro de Transformación debe tener una resistencia
mínima al fuego de 60 minutos (REI 60) y ventilación solamente hacia el
exterior. En función del tipo de refrigeración, los transformadores, en centros
de transformación, se identifican del modo siguiente:
AN refrigeración con circulación natural
por aire;
AF refrigeración con circulación forzada
por aire;
ONAN refrigeración con circulación natural
de aceite y aire;
ONAF refrigeración con circulación natural de aceite y ventilación forzada por aire;
La elección más frecuente son los tipos AN y ONAN, aunque se aconseja la elección AF (con ventiladores) para el caso de transformadores secos (AN), por no disponer de refrigerante en sus partes activas como es el caso del transformador en baño de aceite (ONAN).
Al margen de la mencionada refrigeración
propia de los transformadores, será necesaria la extracción del calor acumulado
en el interior del centro, este calor es, básicamente, consecuencia de las
pérdidas en el circuito magnético (pérdidas en el hierro) y a las que se
producen en el circuito eléctrico (pérdidas en carga).véase el artículo: Ventilación de Centros de Transformación
Figura 1: Transformadores ONAN que contienen más de 50 litros de aceite
Otras características importantes
a tener en cuenta son las referentes a los parámetros eléctricos además de los
datos habituales como la potencia nominal, la tensión nominal del secundario
sin carga, el cociente de transformación, la tensión de cortocircuito nominal
en porcentaje Vk%, adquieren gran importancia sobre todo cuando los
transformadores están funcionando en paralelo:
- La tipología de
conexión de los bobinados (la conexión a tierra en triángulo/estrella es la más
utilizada en los transformadores de CT)
- El sistema de conexión
(grupo IEC), que convencionalmente se expresa como un número que, multiplicado por
30, da el ángulo de desfase de la tensión de fase en la parte de BT en
comparación con la parte de MT.
La presencia de dos o
más transformadores MT/BT y un posible enlace de barras cerrado en la distribución
BT permiten gestionar la red eléctrica con los transformadores en paralelo.
En presencia de faltas,
este método de gestión provoca un incremento del valor de la corriente de
cortocircuito en la parte de BT, con un posible incremento del poder de corte
de los interruptores automáticos de salida de las barras de distribución y unas
condiciones de anclaje más estrictas para dichas barras, en comparación con el
funcionamiento con un solo transformador.
Ello
se debe al menor valor de Vk% que caracteriza a los transformadores con menos
potencia. Por otro lado, cuando se gestiona adecuadamente, el método paralelo
tiene la ventaja de permitir el suministro de alimentación, como mínimo a los
usuarios considerados principales, a través del posible enlace de barras, incluso
en caso de fallo de uno de los transformadores.
El
ejemplo siguiente muestra el incremento del valor de la corriente de cortocircuito
en las barras de distribución en el caso de transformadores en paralelo:
Red de
alimentación, potencia de cortocircuito: Sknet = 750 MVA
Tensión secundaria
de la planta: V2n = 400 V
Potencia del transformador
único: SnTR = 1600 kVA
Tensión
nominal de cortocircuito del transformador único: Vk% = 6%
Potencia del
transformador en paralelo: SnTR = 800 kVA
Tensión de cortocircuito del transformador en paralelo: Vk% = 4%
A
partir de estos datos y de cálculos rápidos, se obtiene un valor de corriente
de cortocircuito de 37 kA en las barras de distribución con un transformador de
1600 kVA.
Con
dos transformadores de 800 kVA en paralelo, la corriente de cortocircuito en las
barras de distribución será de aproximadamente 55 kA.
En
referencia a la red eléctrica descrita en la Figura 2, las consideraciones siguientes
tienen el objetivo de ilustrar la filosofía de gestión de las protecciones:
Figura 3
G1 Falta en una de las salidas de BT
Con
independencia de la presencia o la ausencia del enlace de barras:
Con
la selección apropiada de los dispositivos de protección y de conformidad con
las disposiciones de selectividad de BT normales, es posible discriminar el fallo
y garantizar la continuidad del servicio con la apertura de tan sólo el
interruptor automático L1.
G2 Falta en las barras de distribución BT
Sin enlace de barras:
La
falta se elimina a través de los dos interruptores automáticos generales de la
parte de BT (IBT1 e IBT2) de los transformadores, lo que
provoca la caída completa de la planta. Los transformadores siguen alimentados sin
carga. Para evitar la apertura de los interruptores automáticos IMT ,
la obtención de la selectividad MT/BT vuelve a ser importante en este caso.
Con enlace de barras:
El
enlace de barras CBT debe abrirse, con la consiguiente separación de
las barras de distribución y la eliminación completa de la falta a través de la
apertura del interruptor automático IBT1 principal. La acción del
enlace de barra permite mantener el suministro de alimentación a las semibarras
de distribución no afectadas por la falta. La actuación de los dispositivos BT
(IBT1 –CBT – IBT2), que resultan afectados por
la falta, puede coordinarse empleando dispositivos para los cuales se
implementa la selectividad de la zona direccional.
G3 Falta en el bus BT aguas abajo del transformador
Sin enlace de barra:
La
corriente de falta afecta a los dos transformadores y puede llegar a provocar
la apertura de los dos dispositivos IMT e IBT de los transformadores.
La consecuencia de ello sería la desconexión de toda la planta.
En
este caso, es importante estudiar e implementar una lógica de gestión dedicada
(por ejemplo, selectividad direccional) que permita la apertura de IBT1
e IMT1 para aislar tan sólo el transformador afectado por la falta.
Asimismo, debe preverse una lógica para la desconexión de cargas no prioritarias,
dado que la planta sólo funciona con un transformador.
Con enlace de barra:
La lógica de gestión
sigue siendo la misma y, posiblemente, también podría tener en cuenta la
apertura del enlace de barras.
G4 Falta en el bus MT aguas arriba del transformador
Sin enlace de barra:
La
lógica de gestión debe permitir la apertura inmediata del interruptor
automático IMT1 afectado por la corriente de falta plena (IMT2
verá una corriente baja limitada por la impedancia de los dos transformadores)
y, si la gestión de la planta prevé coordinación, ordenará la apertura del
interruptor automático IBT1 con aislamiento de la falta y seguirá
con la continuidad del servicio de toda la planta garantizada por el suministro
de alimentación a través del otro transformador. Asimismo, debe preverse una lógica
para la desconexión de cargas no prioritarias, dado que la planta sólo funciona
con un transformador.
Con enlace de barra:
La
lógica de gestión sigue siendo la misma, y el enlace de barras sólo tendría la
función de separar las barras de distribución eliminando así el transformador
excluido.
Tras
un análisis de las modalidades de tratamiento de faltas, que en algunas circunstancias
resulta ser bastante complejo debido a la doble alimentación de los transformadores
en paralelo, a continuación se examinan los requisitos mínimos para tener dos
transformadores funcionando en paralelo:
a)
las conexiones internas deben pertenecer al mismo grupo (grupo IEC) y los
transformadores deben tener la misma relación de transformación. Al cumplir estas
disposiciones, los dos conjuntos de tensión coinciden y están en oposición de
fase; por consiguiente, no hay diferencias vectoriales entre la tensión
secundaria de cada malla aislada y no se generan corrientes de circulación.
En
el caso contrario, se generarían corrientes de circulación, que podrían dañar
los transformadores incluso en funcionamiento sin carga;
b)
las tensiones de cortocircuito (Vk% ) deben tener el mismo valor.
Gracias a esta medida, la intensidad de carga total se subdivide entre los dos
transformadores en proporción a sus potencias nominales respectivas.
En
caso negativo, los dos transformadores se cargarían de forma distinta y el
transformador con la menor caída de tensión interna estaría más cargado.
Para más detalles sobre las condiciones de conexión en paralelo de transformadores, véase el artículo: Condiciones para el acoplamiento en paralelo de Transformadores
martes, 19 de abril de 2022
Michael Faraday
FARADAY,
Michael
• 22 de septiembre de 1791, Newington,
Surrey. Inglaterra.
†
25 de agosto de 1867, Hampton Court, Londres, Inglaterra
Michael Faraday era
uno de los diez hijos de un herrero de Newington, condado de Surrey, localidad
cercana a Londres. Nacido el 22 de setiembre de 1791, tuvo una infancia sin
sobresaltos y a los quince años fue enviado como aprendiz de encuadernador de
un artesano llamado Ricbcau, que tenía su taller en Manchester Square
(Londres), donde permanece unos 8 años. La normalidad de su educación e
infancia la expresa él mismo con estas palabras: "Mi educación fue del
tipo más corriente, consistente en poco más que en rudimentos de lectura,
escritura y aritmética en una escuela normal. Mis horas fuera de la escuela las
pasaba en casa o en la calle".
El azar le dio a la
Ciencia uno de sus grandes hombres. En primer término por el lugar de trabajo que le puso en
íntimo contacto con los libros. Después porque el patrón, simpatizando con la
avidez del joven Faraday por aprender, le facilitaba la lectura y la encauzaba.
Así, él mismo escribió: "...es en estos libros, durante mis horas de
reposo, donde he comenzado mi aprendizaje filosófico (científico). Dos obras me
han ayudado sobre todo: la Enciclopedia Británica y las Conversaciones sobre
Química, de Marcet, que me han iniciado en la ciencia de mi predilección. No vayáis
a creer que he sido un pensador profundo o un niño precoz. Yo tenía una
imaginación viva tan dispuesta a creer en los cuentos de Las Mil y Una Noches
como en la Enciclopedia. Pero los hechos tenían sobre todo importancia para mí
y ello me ha salvado. Yo sabía ponerlos a prueba y comprobar las aseveraciones
de los libros...".
El libro de química
de Marcet, esposa de un físico de Ginebra, lo leyó con fruición y
repetidamente. En esta época dejaba parte de su salario para comprar productos
y repetir los experimentos en él descritos.
En el año 1812 de
nuevo el azar contribuyó a la formación de Faraday como científico. Un cliente
del encuadernador. Dance, miembro de la Royal Institution, le regaló una
entrada para asistir a las clases que en dicha institución impartía un
destacado científico de la época, Humphry Davy, periódicamente.
La invitación fue
bien aprovechada. Michael Faraday tomó notas del curso, las pasó en limpio, las
ilustró con dibujos y diagramas en color, formando un manuscrito encuadernado
con 386 páginas, se lo envió a Joseph Banks, botánico, por entonces presidente
de la Royal Institution, con la idea de que le ofreciera un puesto de trabajo
para estar más cerca de los investigadores. Al no obtener respuesta, se dirigió
directamente a Davy, pidiendo un puesto como ayudante.
El 18 de marzo de
1813, sin haber cumplido los 22 años, es propuesto por H. Davy de la siguiente
forma:
"Sir H. Davy
tiene el honor de informar a los señores directores que ha encontrado una
persona deseosa de llenar el lugar que ocupaba William Payne. Su nombre es Michael
Faraday. Es un joven de veintidós años que parece apto para llenar este lugar.
Sus hábitos parecen buenos, su natural activo y despierto, sus maneras muy inteligentes.
Acepta emplearse en las mismas condiciones en que estaba Mr. Payne en el
momento de dejar la institución".
Se acepta el
nombramiento como ayudante de Davy en su laboratorio, con un sueldo de 25 chelines
a la semana, salario inferior al que recibía como encuadernador.
Davy se lo llevó
como ayudante y secretario a un viaje por Europa (sur de Francia, Ginebra,
Italia). Su alegría y simpatía hacían que fuera aceptado y respetado por todos
los que le conocían. Una frase, escrita por un científico que recibió la visita
de los dos ingleses era contundente: "Hemos admirado a Davy, pero amado a
Faraday". Esto dio lugar a que los celos de la esposa de Davy hicieran el
viaje desagradable, tratando al joven, más como un sirviente que como un
colaborador, sin que su marido pudiera o quisiera evitarlo.
En este viaje
conoció a hombres de ciencia de aquel tiempo de suma importancia, como
Gay-Lussac o Ampére.
Al regreso a
Inglaterra Faraday se dedicó al laboratorio en cuerpo y alma, dejando poco a
poco a un lado a Davy. Es curioso que cuando el protegido del maestro fue propuesto
como miembro de la Royal Institution, en 1824, el único voto en contra que
surgió fue el de Davy (tal vez presionado por la esposa resentida).
En 1825 fue
nombrado director del laboratorio y en 1833 profesor de Química.
Su escasa memoria,
que hacía que tuviera que llevar en una libreta anotados todos los detalles de
sus experimentos, para no olvidarse hizo que no fuera un erudito de conocimientos
enciclopédicos (como lo fue su coetáneo André M. Ampére). Tenía una escasa base
matemática, pero lo compensó con una gran capacidad de expresar gráficamente
sus experimentos. Su sagacidad como investigador será difícilmente superable.
A los 30 años, en
1821, se casó con una muchacha que entonces tenía 22 años, formando un matrimonio
estable y feliz sin hijos. La señora Faraday fue una leal colaboradora de su
marido siendo, a veces, la primera en observar un nuevo fenómeno o intuir una
ley.
Sus ideas
religiosas (pertenecía a una secta ya extinguida muy estricta) le impidieron
aceptar nombramientos, condecoraciones y homenajes. Renunció al nombramiento de
Sir, por parte de la Reina, así como a la presidencia de la institución a la
que dedicó su vida.
Murió cerca de
Londres, en Hampton Court, el 25 de agosto de 1867, en una casa cedida por la
reina Victoria como recompensa a su labor científica e investigadora. Fue
enterrado bajo una sencilla lápida, como había pedido pero dejando su nombre
grabado en la Física, ya que la unidad de capacidad eléctrica en el Sistema Internacional
(S.I.) de Unidades es el Faradio (F).
Su obra puede
dividirse en dos partes: la Química y la Electricidad.
La primera le debe
el método para licuar gases, ideado en 1823, sometiéndolos a presión. Así lo
consiguió con el cloro (hasta entonces conocido como "gas permanente"
o sea imposible de licuar), anhídrido carbónico, ácido sulfihídrico y otros. El
primer trabajo que mereció ser publicado en el Phylosophical Transactions, en
1820, fue un estudio sobre "dos nuevas combinaciones del cloro y del
carbono y sobre un nuevo compuesto de iodo, carbono e hidrógeno".
Su gran
contribución a la química orgánica la realizó en 1825 descubriendo el compuesto
conocido por benceno. Lo publicó bajo el título: "Algunas nuevas combinaciones
del carbono y del hidrógeno", en el que anuncia el descubrimiento del
benzol (núcleo benzoico) que constituye, hoy día, uno de los pilares de la
moderna industria química orgánica.
Faraday continuó la
labor de Davy en electroquímica. A él se deben los términos: Electrólisis,
electrolito (solución que podía conducir la corriente); denominó electrodos a
las varillas metálicas que se introducen en la solución (bautizando por ánodo y
cátodo al positivo y negativo, respectivamente). Tocó otros campos con cierto
éxito, como la Óptica, obteniendo vidrios de alto índice de refracción, o la
Metalurgia, investigando sobre la fabricación de aceros de alta resistencia.
Pero la gran obra
de Faraday es sobre el Electromagnetismo, cuyos resultados sirvieron para cimentar
la teoría electromagnética de Max-well.
El punto de partida
de la obra se asienta en 1821, cuando después de repetir el experimento de
Oesterd, escribió un resumen sobre la evolución del electromagnetismo hasta ese
mismo instante.
Todos los experimentos
los publicó en 14 series, destacando las cinco primeras como la base del
electromagnetismo y la electroquímica actual. Estas primeras series trataban
de:
1. "Los
fenómenos de inducción electromagnética". Leída el 24 de noviembre de
1831.
2. "De la inducción
por magnetismo terrestre". Leída el 12 de enero de 1832.
3. "De la
identidad de las electricidades proveniente de las distintas fuentes, es decir:
electricidad voltaica (de las pilas), electricidad ordinaria (por frotamiento),
magnetoelectricidad, termoelectricidad y electricidad animal". Leída el 10
y 17 de enero de 1833.
4. "De las
leyes de la conducción eléctrica". Leída el 23 de mayo de 1833.
5. "De la
descomposición electro-química". Leída el 20 de junio de 1833.
Sólo la cita de
estas series, subdivididas en 563 experiencias, dan una idea del ingente
trabajo realizado por Michael Faraday sobre electricidad. Su detalle nos
llevaría un espacio tan grande que no viene al caso, en esta breve reseña
biográfica.
Un detalle que
define el talante científico de Faraday es el siguiente. Murió pobre, aunque
cuando comenzó a ser conocido recibió numerosas ofertas para resolver problemas
técnicos industriales. Así, en 1830 ganaba en la Royal lnstitution 100 libras
anuales más otras 1.000 por trabajos extras. Ya en 1832 le ofrecieron 5.000
libras al año. Pensó que el trabajo en la industria le restaría tiempo y
dedicación para su labor investigadora y se planteó el eterno dilema: dinero o
ciencia. Por fortuna optó por la ciencia.
Para más detalles sobre la biografía de Michael Faraday, ver el artículo: Michael Faraday:Biografía y la Teoría Electromagnética




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